Omar Cid Maureira

20080925

El libro de mis preguntas (4)


¿todas las preguntas tienen supuestos?

El libro de mis preguntas (3)


¿Donde estás tú?, ¿donde yo?

20080903

Esperando otro tren.



Me he bajado aquí, en esta estación a esperar otro tren. He dejado el anterior, con el que llegue aquí. Lo deje, no sin pena, el tren era de pena, parecía un tren infinito e incansable, pero en mi se acabo. Entre tanta estación futura quizá nos alcancemos para reconocernos.

Me he bajado tranquilo, y no hay nadie esperándome, y pareciera que todos me esperan en otra estación. Vendrá la tarde, la noche, y yo esperaré mi próximo tren.
El nuevo tren, será tan viejo como el anterior, pero tendrá sorpresas, que para mis compañeros no lo serán, seré un niño grande, disfrutando sus aromas y recovecos. Escuchando sus sonidos y misterios, apreciaré su velocidad y los paisajes que me dejará ver.

Pero, yo y mi nuevo viaje, tiene un destino misterioso, solo sabré lo que sentiré mientras, creo que avanzo, mientras me descubro en esta nueva casa en movimiento. Todo será lo mismo y yo seré distinto. Aún me queda equipaje que esta lleno de etiquetas de extrañas comarcas, conciertos bajo la lluvia, y noches en el sur.
Mientras espero, reviso mi boletos sin fecha de vencimiento, mira mi cara de viajero en los cristales, abandono algunos objetos que ya no me ayudan, y más liviano oteo el horizonte la llegada de mi nuevo tren.

20080824

Amor libre.

Tengo un espacio para la música, pero el último rato, debe acompañarme, o debe estar dentro de mi, y debe decir esto. otra vez.....

El libro de mis preguntas (2).


¿lo esencial es realmente invisible a los ojos?.

Alguien se me adelanto.

Espero que muestre que somos tan parecidos y distintos. Esta canción la escribí yo. No pero me d-escribe.

El libro de mis preguntas (1)


¿esta soledad es heredada o aprendida?.

20080822

la noche final


Ya no es broma, habita en mi una sensación transparente de soledad, ¿en donde la aprendí?, ¿cuando?. Comencé un viaje hace muchos años, que me ha llevado por senderos, avenidas, y de regreso a un sendero, en que otros han caminado ya.

En una parte del sendero, se me hizo oscuro, la noche me cubrió, y no la atendí, creí en mi sombra, y la noche se extendió aún más. La noche se aferro a mi, como el miedo y la tristeza, escondiendo mi voz. En un aliento de sobrevivencia, mire en la penumbra el sendero recorrido, un largo y sinuoso sendero; y me convencí que había estado solo todo este tiempo.

No merecía ser querido, no por mi alma, no por mi. Ya no quería estar ahí, tampoco quería avanzar. Detenido en medio de la noche. Me detuve, sin aliento, en la noche; y mi alma en silencio dijo ¡basta¡ y encontré en el cielo azul marino un sin fin de estrellas, como joyas que iluminaban las nubes en viaje.

Ese universo infinito y antiquísimo, murmuraba, tenia una melodía con un significado que no quería entender, quise seguir mi viaje, pero maravillado por su hermosura, puse atención a mi intuición, y escuche desde el espacio lejano, algo así como: "Tanto tiempo te he hablado, hasta cuando caminaras solo?, te darás cuenta que estoy contigo?".

Esa noche, fue mañana, y en ella solo quería llorar por mi soberbia.

20080811

sueño el día en que despertaré.

Esta por venir, se parecerá a un día de playa en primavera, al primer fruto del verano, a la llovizna que refresca las hojas que secas porfian en lo alto, se parecerá al relampago de la madrugada oscura.



Esta por venir, será una hora especial, un instante diminuto e infinito, como un primer beso de amor, en el que despertaré, con mi corazón aún en el frío sinfin, ya triste de lo feliz que fui, y estaré despierto, y ya no soñaré, será el día en que seré yoinfinito.

20080727

Kire: Episodio I


Una diminuta esperanza se mecía en la fogata, y él la sostenía con la mirada. Cómo había llegado a ese rincón del bosque, frío y húmedo, era una historia que quería contarle a los niños de la aldea. Por lo pronto era lo que lo mantenía despierto para cuidar la lánguida fogata que le calentaba, solo la esperanza.

El frío de ese día de caminata por los paramos, lo había agotado, a tal extremo, que no sentía sus piernas, ni sus manos, eran muñones que se arrastraba en ese agujero, como dormidos acalambrados, aterrados y cercanos a la muerte.

Pero en sus ojos brillaba la diminuta llama, que lo hacía sonreír, que extraño, sonreír a punto de morir, sonreír le dijo su abuelo era la última señal antes de la muerte por una travesía sobre el hielo.

Más un si el hielo también venia del cielo, más aun si era de noche, más aún sin tener una presa consigo, para demostrar que merecía el valor que se le concedían a los cazadores, no tendría semejante honor, había fracasado.

Y esa noche la única flama de esperanza que iluminaba su sueño era sobrevivir ha esa noche de infierno blanco, levantarse, avanzar rumbo al suroeste, cruzar lo que debiera cruzar y llegar al regazo de su madre, a pedirle perdón.

20080722

La locura me rodea

Ahora no sé, no he sabido, y no sé si sabré. La soledad es femenina, mis desiertos tienen el color de su pelo, la profundidad del mar tomo la indiferencia de sus ojos. No sé si estoy loco, solo cuando estoy en el mundo la olvido, cuando recorro en automatico lo que tengo que hacer, lo que debo hace, creo que la olvido. Pero me quedo solo unos minutos, y la deseo; como que hace solo unos años-segundos me encontré por primera vez despierto y sin ella.

20080718

La mujer esencial


En la que creo mi naturaleza, te he buscado.
Tantos tiempo y no te olvido.
Apareces en casi todas las mujeres
como pistas de un calor primordial
en retazos que no se pueden fundir
Brillas en cada nombre, en cada voz, cada gesto
Como una diosa que hace guiños mágicos
Caminas en la noche y duermes en las nubes
Apareces en las sonrisas, en el silencio.
En una lejana caricia.
Me hablas y me haces reir.
Te hablo y te hago reir.
Y entiendes mis vinculaciones
Te sorprendes y me sorprendes con tu sorpresa
Y vuelves a sonreir.
Y vuelves a no estar.
Despierto en la ciudades desiertas, en la calles.
Despierto en los edificios, las catedrales y los parques
Y no me hablas en la tristeza de las luces invernales
En la alegria de la música lejana
No dejo de pensar en mi corazón de niño
corazón que no deja de soñar en ti.

20080706

Gracias a mi tristeza natural.


Gracias, echándome del nido, del calor natural, lo que se perdió, siento que también me abrías una posibilidad de entender mi ser en el mundo, escucho tu canto desde cerca, no me gritas, aunque lo hiciste, y sigues cantando.

El agradecimiento se conecta con la alegría, con la plenitud, con la abundancia, pero es un estado, es una posibilidad. Desde aca te doy las gracias, creyendo que volveré, es seguro.

Quiero volver, imaginariamente, por un momento a mi hogar, y no irme sin despedirme, sin agradecer, el estado de partida. El no tener, la recóndito rincón que solo me tenia a mi, la soledad, creo que sé que es una interpretación, y como explicación estuvo por años en mi mundo.

Mi vida paso en su conexión con lo que se perdía, me conecto con la nostalgia, y esa fue, y era una gran posibilidad, darme cuenta de lo que perdía, de no soltar lo que deseaba, esa era mi tristeza.

La noche es triste, un árbol que se agita en el viento, un no es triste, y un si es triste, un recuerdo, una omisión, una comida, un vaso, la cárcel, un nube, la flor cortada.

Buena parte de mi vida eche de menos, algo siempre me falto, la niñez, y la juventud en la una profunda insatisfacción, en una profunda resignación, mi deseo y los hechos. Y he buscado los puentes, y no he soltado, la tristeza me ha movido todo este tiempo. Por muchos años conectándome con lo que se perdió, y buscando en alguna parte de mi recuperarlo.

Si la tristeza se mueve, para el paradigma actual, para la alegría de los mall, para el hacer constante, para alegría ciega aparece como detenida, si, pero la tristeza te mueve, no aparece, no reacciona, no hace, no produce, no satisface inmediatamente, parece quieta. Pero la tristeza también es acción.

A donde va?, en donde se hunde, que hace?, que busca?, que hurguetea?, que esconce?, donde trabaja?, cual es su conversación?. Por que no es bienvenida?, por que no es permitida?, porque nuestro observador no la contiene?. Por que yo también ahora le quiero decir adiós?.

Porque esta en nuestro abanico de posibles acciones?, habrá un tiburón triste?, un gato, un caimán, un león, triste?. Por que esta en nuestras posibilidades?, hacia donde nos envía?.

Ha sido un espacio que he habitado por años, por décadas, me ha hecho disfrutar ciertas bellezas que en otros ojos no las hubiera visto, pero me tengo que ir, pero me quiero ir sin antes agradecer, su inmensidad, su infinita herida, su canto, su mueca, su lagrima sin sentido.

20080422

Natalma V:Despedida de Gaderian


Hace una,más fría tarde; de esas como moribundas. Hace sobre las calles del otoño de Natalma, en los árboles sobrecogidos y en el suelo atemorizado. Busca la amenaza de lluvia en la brisa fría, se pierde en la mirada bajas de las mujeres; y desde lejos, a partir de su ventana, trepando a los techos, y sobre los callejones; la ciudad se dormía.

Él ya no temía, hoy no encendería las luces, hasta que la noche llegara sin freno, sobre el mundo, y devorara su ventana y esa pequeña habitación, celda de solitario, en un barrio hace mucho melancólico.

Mira sus libros, los regalos añejos, las piezas musicales, los artefactos extranjeros, sus muebles de milagro, sus alfombras y cojines, sus colores que se resisten, como la música que recuerda, en su mente a morir.

Gaderian, yo no más ministro, no más paseos por el mercado, a orilla del río, en el puente,sin entrar a los talleres. Gaderían y su última noche en su cucurucho humilde de su orgullo, de patricio entre pleveyos.

Gaderian, luchando por no morir en ese lugar, bajo el comentario de vecinos ignorantes. No. ni siquiera desmayar, a penas surga la primera brisna del amanecer de esta ciudad nueva, que no poseyó su sueño, partirá, por un día o por dos, hará un viaje a orilla de lo ilimitado, de lo sin fin, verá si de sueño le queda algo, para poder cruzar el puente.

20080316

20080212

Natalma IV: La Noche de Kiel



La luna no era condescendiente con la faena, iluminaba el rastro que había dejado Kiel sobre el sembrado, mediante la hoz ajena, y con su luz melancólica y trémula, dejaba entrever la vastedad de la campiña aún por labrar.

Tampoco la luz plata, mostraba alegría en el rostro del agricultor improvisado, que se había detenido a mirar su lánguida huella, en su primera jornada en el rol que no le tenia convencido, y con la llegada de la noche y el aullido lejano de los lobos, se le hacia más entrañable el camino.

Esa madrugada, se acerco a la abertura de la choza del anciano, todavía encandilado entró lentamente a la gris soledad de un fogón agonizante, y al encuentro de un viejo hombre, que asa un pequeño animal silvestre, en las escasas brazas.

Él, sin mirarlo casi, le pregunta:
- Has demorado en entrar, no es por timidez creo, me imagino que tu debes ser Kiel. Bienvenido.

El aludido, algo sorprendido, y enmudecido deja caer su cuerpo en un asiento cercano a la puerta, sin sostener ni siquiera una pregunta en su rostro, recibe una segunda interpelación:
- Debió tomarte días llegar hasta aquí, muchacho, ¿tienes hambre?.

Kiel niega con su cabeza y observa la luz que entra por la puerta como deseando estar en la ruta que había abandonado. Pero busca, con un artificial interés, algo en la choza, y no encuentra granos, muebles o muchas propiedades bajo ese techo.
- Puedes descansar cerca del fuego, y puedes comer de lo mío, yo tampoco lo merezco.- le habla dulcemente el viejo.

Kiel, se atreve preguntar: - ¿quien eres?, ¿como sabes mi nombre?.

El anciano, saca un trozo de carne del fuego, se lo engulle, y mordiendo con dificultad se levanta, al mismo tiempo que le responde:
- Soy Vael, un hombre de armas que alguna vez acompaño a tu padre, en alguna batalla extrañamente gloriosa, que fue negada por Natalma, te conocí pequeño. Jamás creí verte de nuevo ya grande, y menos en estas tierras de destierro. Pero tu nombre ha llegado a mi, y tu hazaña, aquí te buscaron ya, y en sus ojos vi temor, creo que entendieron que si llegabas acá, no pretendías volver, o me equivoco?.

Kiel, agacha su cabeza y no responde, mientras el anciano se acerca lentamente hacia la salida.
- Hijo, yo te recibo, puedes trabajar conmigo, en lo que yo podría llamar son mis tierras, estamos listos para la cosecha. Acá guardo algunas herramientas que peones han abandonado. Tu destreza, tu fuerza natural, tu talento lo puedes orientar a cegar el trigo maduro. ¿No crees hijo?, - al momento que sale de la choza, despreocupado.

Kiel, confundido, responde con una mueca de duda; que no atiende Vael, pero magnetizado se levanta y sigue a su anfitrión.
- Dame tu espada, y toma esta hoz, - le dictamina la voz veterana - la labor demora. Cega el trigo y puedes entrar a la choza a buscar lo que requieras.

Kiel indiferente, pregunta taciturno:
- ¿y por que estas aquí, y no en las armas?
- Hijo, a nosotros no nos quieren, no quieren nuestra sangre, lo que representamos, nos quieren trabajando la tierra, no tomándola, debemos entender eso. Y guardar silencio.

Tras un largo silencio, Kiel se quita su espada, y toma la hoz, y se disminuye en cuclillas. Tocando la tierra con su mano desnuda, y con su mirada en el suelo, habla como a si mismo.
- No sé que hacer, no sé cual es mi destino, si vuelvo hago daño, y se me voy muero cada día.

Vael, no responde con palabras, más que con un remoto y nostalgico suspiro, tan real y sincero, que provoca en Kiel el surgimiento de una débil lagrima, que borra violentamente de un manotazo. Y se dirige, decidido al cultivo, sin girar su cuerpo.

Así llego el medio día, la tarde ventosa, la noche calma, y el surgimiento de una luna testigo, que detiene a Kiel y lo hace observar su obra inconsciente de ese día, que guiado por su desconcierto abandono su espada, y dio un uso olvidado a sus huesos y músculos.

Se imagino sus días venideros en esa faena, se imagino desterrado, en tierras sin nombre, y su cuerpo se negó a sostenerlo, derrumbado, en las tinieblas de sus ojos y de su instinto no callo en la cuenta de que Vael se había acercado, hace un rato, silente.
- ¿Tienes dudas, cierto?, - y se detiene antes de seguir: -…. te acostumbraras y olvidaras lo que has vivido, hijo, y lo que has sido.

Kiel, levanta la mirada, y como una fiera atrapada, le gruñe:
- Y tu, ¿te has acostumbrado?, ni siquiera comes de este campo, sales por instinto a cazar en la noche, no has trabajado nunca estas tierras, porque sabes que no las posees, y crees que con otros puedes mantener tu mentira¡¡.
No guardas granos, no sostienes tu mismo estas herramientas, y solo le tienes miedo a morir solo.

El anciano, retira su mirada, y se gira como distraído, y entre sus ropas deja entrever su viejo cuchillo recién pulido, bajo la luz celeste de la luna. Kiel no puede resistirse, y llora, se yergue y se retira como ebrio cruzando los cultivos.

Ya lejos, y agotado se descubre en el bosque sin espada, y sin la luz de la luna, que revolotea en los alto de las copas, en las tinieblas no es capaz de ver sus propias manos, y casi en el instante, percibe en su fuero que no ha estado solo en el derrotero que ha tomado, una corazonada emerge y le indica que ha sido seguido y acorralado por bestias hambrientas, sus ojos no pueden verlas, pero sabe que si puede ser visto.

Kiel, también siente hambre, un hambre de tener sentido, de entender para que ha
nacido, y pareciera que este mundo no tiene la respuesta. Y ya no quiere sentir esa hambruna dolorosa en su cuerpo, se arrodilla en la oscuridad rendido, para ser tomado por los lobos que parecen no sufrir el mismo padecimiento, mientras gruñen entre ellos, para elegir quien de ellos le ataca primero.

20080206

Otro cuerpo



Parecía fantástico despertar y abrir los ojos, y ver el cristal de mi visor lleno de grandes gotas frías; al poco rato de limpiarlo, aún recostado, veía la ciudad con sus moribundas luces nocturnas y la luz del alba que la envolvía desde lo alto; como yo desde acá arriba; entre los árboles, la ciudad se extendía aún dormida en el valle. Desperté temprano para estar tan cansado, desperté antes, quizá por la ansiedad de saber que había dormido una noche ‘afuera’. Aunque aún no podía incorporarme sabía que había sido suficiente sueño, -lo necesario dado mi entusiasmo – para comenzar esta nueva jornada sin mayor protección.

Fue solo una mañana oscura de invierno, de afanosa lluvia, que al entrar a la sala, escuche además, luego de sacarme mi aparatoso gorro, las risas de mis compañeras. Luego como en una tormenta mítica, las burlas de mis compañeros; no había alcanzado ha quitarme mi nuevo traje de lluvia, cuando me lo arrancan y comienza su vuelo por el pabellón, se enredaba en los clavos de los muros, se rasga, y alguien como yo se sentía más desnudo esa mañana.

Ahora tibio, seco, tomando aire por mi nueva nariz electromecánica; que desde el exterior gélido lo interna a mi traje a la temperatura y humedad correcta, inmune de los bichos, e invisible a los fantasmas hambrientos, que con sus hocicos húmedos hurgan la noche, de mi piel mimetizada. Al girar mi cabeza, reconocí que había dormido sobre piedras y ramas, pero mi espalda entendía que había reposado sobre un colchón familiar, agradecido del calor y un mullido simulado.

Mi vieja me escucho con una expresión de infinito cariño, sin hablar, después de todo ella me había ayudado a cocer mi supertraje de Lluvia-viento, seca mis lagrimas lentamente, hasta que cesan mis espasmos, y como si nada concluyo que debo insistir. Extrañamente nos reímos, claro que exageramos un poco, con esa visera color naranja, esos guantes y los cubre zapatos, satisfechos porque había cumplido su objetivo; cuando volvía su mirada a la máquina de tejer, yo borraba mi sonrisa al recordar las risas de mis compañeros de escuela.

Debía separar las piernas, para pasarlas a sus habitáculos de travesía, y desde ahí incorporarme, por otro lado lentamente el aislante inflado que me separaba del suelo, se desvanecía, ya apenas yo abrí los ojos, sentado ya sobre el suelo, guarde todo el equipo de vigilia en mi espalda, y embutía mis pies desnudos en los blandos zapatos que esperaban en el extremos de este nuevo ‘traje’. Ya de pie, mi panel daba coordenadas, nueve grados bajo cero, puntos reconocibles, rutas posibles, humedad, brújula; mientras introducía mis brazos y mis manos a los guantes ajustables. Había vuelto al mundo exterior, con mi nuevo cuerpo que me separaba igual de él.

Mamá, ¿por qué no me quieren?, igual yo había sido fuerte y superado solo, ese vendaval de esa mañana oscura, de borrasca y viento, y había llegado a la escuela, había triunfado de un largo viaje a mi corta edad, pero me sentía solo. ¿Mamá, por que allá me siento más solo que acá afuera?

A cada paso me alejaba de la débil señal de mi último punto de contacto, con la última ciudad, me adentraba en el bosque ralo e indiferente y me internaba en las nieves eternas, estaba a punto de probarme en mi postrimera aventura. A lo lejos se avecinaba, a cada paso difícil, el páramo blanco del desierto infinito, desolado con un moribundo que vagaba en otro cuerpo.

20080131

Natalma III: La tienda de perfumes.



Gaderian, en un momento de extraña lucidez, comienza ha hilar en su recuerdo sus últimos días. No le extraña caer en la cuenta que ha pasado un tiempo que no tiene relación con el tiempo del mundo, y aparece en su mente la imagen, como si fuera ayer, de si mismo caminando relajado y orgulloso una tarde soleada de primavera, recorriendo el mercado de Natalma; con su colorido, y intrincada pero entretenida ruta.

El Mercado de Naltama se extendía, por varios pasajes al sureste de la plaza mayor, por un costado los juegos, y al final el burdel, que él no esperaba visitar. El mercado era de un bullicio alegre, sostenido en la música que emergía de las tabernas y los aromas que se mezclabana comidas, animales, plantas y frutos exóticos de la región, y en raras ocasiones de mas allá. Gaderian lo recorría, justificándose, en la idea de enterarse de estado del ánimo del pueblo, de reconocer en ese frenesí y su tomar el pulso a la ciudad profunda, hasta ahora para si mismo, sin que a nadie tuviera que explicarle ese solitario vagabundeo.

Esa tarde, distraído llego a un recoveco iluminado y a tras mano, al que antes no había llegado en el mercado, se destacaba en ese rincón despoblado y alejado del bullicio, una tienda extranjera, de suaves tonos, y sencillamente adornada. En ella había una mujer, que ofrecía yerbas para liberar males, polvos aromáticos y pócimas para superar problemas del alma. Pero lo que más acerco a Gaderian era un suave aroma familiar, un indescriptible perfume que lo conectaba con imágenes placenteras de su niñez, con cortas escenas alegres con la naturaleza, con ínfimos espacios de texturas y colores en el cual, como antes quedaba cautivado.

Su cautiverio en silencio, su hipnosis, que no podía explicar, lo expuso ridículamente frente a la mujer que lo miraba, pero no lo interrumpía en su atónito acercamiento. Lo miraba igualmente sorprendida, ella bajo la mirada buscando en que frasco, o en que paquete había atrapado la atención del ilustre visitante.
Gaderian pregunta sin saludar: - ¿que es ese perfume?, ¿Dónde esta?. También buscando, con su mirada pérdida en el taburete de productos exóticos.

La mujer extrañada; busca nerviosamente algo lo más refinado y se lo acerca; pero al acercar su mano con la botellita, al rostro de Gaderian, él descubre en el instante, que el aroma se acerco a él aún más en ese gesto, y que estaba en la mano, en la piel de esa mujer.

Y le pregunta, ahora mirándola a sus ojos : - es él que traes puesto, es ese, ¿donde esta?.

La mujer, lo mira extrañada, y toma y le acerca un pequeño frasco sencillo y sin adornos, y le dice:
- Señor, esto lo hago yo misma, con yerbas y especias de mi tierra.

Gaderian, nervioso, lo quiero, ¿para que sirve?. Sin saber para que hace esa pregunta utilitaria y vanal.

Y escucha sin distinguir si era la voz de la misma mujer o de una niña, que le responde.
- Señor para que sus noches se llenen de recuerdos y ellos busquen sus sueños.

Gaderian, petrificado, se detiene en los ojos color miel, de la mujer, y no puede responder, un instante después recupera un atolondrado movimiento mecánico de su bolsa y saca monedas que superan el valor que indica la mujer. Y se aleja sin estar consciente de que ya no él mismo que entro esa tarde al mercado.

Esa noche, Gaderian, insomne, sostiene la esencia en sus manos, sabe que lo que acaba de soñar, esta relacionado con sus más profundos y persistentes sueños, pero también con lo que le sucedió ese día. No quiere una explicación, para aquella niña libre que quebraba la helada con sus pies, y se escondía del sol, sin alguien que la vigilara. Ese sueño no tenia explicación en él, y desde su ventana busca en los callejones dormidos el lugar donde podría estar la tienda extranjera, ya no buscando el perfume, sino buscando sin razón, a la mujer.

20080129

Prologo: Tras Kiel

Llegaron de improviso, rompiendo la puerta, y entrando dando vuelta cuanto mueble pudiere esconder hasta a un niño, con una agresividad desmedida sostenida en el miedo, en el terror.

Su madre se yergue tranquila y en silencio:
- Mi hijo no esta aquí, se fue hoy al amanecer, y no me dijo donde y tampoco le pregunte-.

Los Guardias Blancos, un poco aliviados y con un falso enojo por la contrariedad, siguen revisando; pero sabiendo que él no los estaría esperando, se retiran; y van hacia el Palacio con la certeza juvenil, de creer aún más en su leyenda, que de verdad se fue, no por ellos, sino que para no hacer más daño.

20080126

Natalma II: Kiel, el sobreviviente.



Kiel era el único hijo vivo de una mujer de un capitán de infantería, que guardaba las medallas y trofeos de la familia, en un pequeño baúl bajo su cama. Su triste figura, se iluminaba cuando le hablaba en las noches de lluvia a su pequeño hijo, de historias heroicas de su ascendencia, de comarcas que su padre visitaba, de las batallas ganadas bajo su dirección, y como villas se rendían solo a su porte y a sus fantasmas leales.

Eso era antes, ahora sin más hijos, sin hombre en la casa, se había empobrecido, vivía hacia dentro. El ejército apenas alimentado por la ciudadanía, menos tenía para ofrecer a una pobre viuda olvidada de un antiguo guerrero.

Kiel tenia la linaje natural de la lucha desde pequeño, la estirpe del honor hecho carne de un guerrero de batallas históricas, a pesar de su contextura delgada, fibrosa y su altura. Estaba cubierto de la carne suficiente, para no buscar un milagro, en su extraordinaria fuerza, empuje y destreza. Su madre agradecía, que a pesar de su sangre, no se habían dado las condiciones para que su hijo partiera naturalmente en busca de su vocación de combate, eso creía en su soledad y su lejanía, sin saber lo que se decidía en Natalma esos días.

Kiel, en su niñez entrenaba en el granero al cargar los fardos de alimento, en el molino reemplazando al animal que hacia girar la rueda, en el arado, en la picota, en todas esas labores, que las vecinas admiraban como la devoción ideal de un hijo a su madre. Pero Kiel en realidad jugaba a la guerra, la hoz era una espada contra los trigales, el arado un pesada catapulta, el molino un rueda de la muerte, en todas y en su imaginación estaba en la batalla. Incluso en sus tiempos de descanso, entrenaba con su espada los pasos y las figuras con enemigos espectrales, sobre los que luchaba denodadamente, y siempre en el juego buscaba perder, de esa manera, se levantaba y buscaba una forma insistente, un movimiento para desplegar su talento natural, para ganar contra su imaginación cada vez más poderosa.

En los torneos ganaba con facilidad, y si perdía, era en una larga y aburrida batalla en la cual el perdía antes la concentración, de esta forma se ganaba la admiración y vítores de sus amigos; mostraba la destreza con su espada, en una danza encantada conectada con los dioses, en que su cuerpo era tomado por una fuerza externa que formaba figuras que se desvanecían junto al fuego, y que los espectadores, si creían que así eran las batallas, bueno sería hermoso verlo luchar.

Otra cualidad de Kiel, era su humor, y que mostraba siempre cuando conversaba con sus contendientes mientras se batía, era común verlo sonreír, y hacer sonreír desde lejos a sus oponentes, eso más su danza y bromas, le ganaba la gracia de sus adversarios temporales.

Su espada remedada, y de segunda mano, pertenecía a un viejo capitán que admiraba y que se la dejo en herencia, y correspondía a una serie escasa de hierros sin joyas ni adornos, hechas por el herrero mayor ya muerto, que busco en el fragor de los pedidos, un modelo que se destacara por su liviandad, forma general estilizada y sobriedad; y que en su funda de cuero, luciera como conjunto sencillo y bello.

La gran mayoría de los combatientes como él, sabían eso, y su preocupación era la aleación y proceso a mano por el que estaban hechas, en donde se buscaba que aparecieran características únicas en su forma y desempeño que la hicieran complementarias a la destreza y fuerza de su dueño.

En general las espadas y sus escudos hacían referencias a las características de sus tenedores; y los que traían vistosas y brillantes armaduras a las competencias, en general hacían prever su derrota.

Una tarde que entraba en la noche, de viento tibio, y cielo cubierto, Kiel escucho el galopar de un filón de caballería, en la penumbra, supo que era parte del ejército que partía a una aventura, en su corazón no había duda, en su exiguo conocimiento reconoció en una bestia a Ursus. Hipnotizado por su indiferencia, y su porte, se puso de pie y entro a su casa derruida, sin hablarle a su madre que lo miraba atónita y que comprendía en silencio, salió con su espada, y su escudo de cuero, sin darse cuenta del pedazo de pan y carne ahumada que ella introdujo en su morral. No volvió la cara a Natalma, mientras se hacia la noche en el camino.

Arrepentido de no echarse encima más abrigo, Kiel se acerco a la avanzada para entibiar su cuerpo, moviendo las rocas y escalando para llegar primero a los miradores, facilito con su concentración y agilidad el cruce de las montañas, su animo ciego pero competente y leal, lo revelaron pronto frente a los ojos de Ursus, que ya no lo miraba con indiferencia. Lo llamo para acompañarlo en la delantera, honor que enorgulleció más a Kiel, sabiendo que eran pocos los valientes generales que iban al frente de sus fuerzas.

La detención, más que el mar, lo extrañó, buscaba la razón del rumor, en el escaso brillo que otorgaba el mar esa última noche, y en los que caían de rodillas en la arena o en el agua. También se puso de cuclillas, creyendo imitar a sus camaradas, esperando nuevas órdenes, pero percibió, en un sentido extraordinario, una amenaza en su espalda. Fue el primero que se dio cuenta de la emboscada, se irguió, giro su cuerpo hacia el monte y las sombras, desenfundo su espada, y al confirmar el ataque, se sorprendió al constatar que ninguno de sus compañero había desvainado o daba cuenta de lo que se venia. Nadie, solo él se preparaba para la defensa.

Sin temor, y honrando a su padre y abuelos, dio muerte, dando giros suaves y silenciosos, a varios de los que atacaban a sus compañeros, hasta que apareció un alfil blanco de espada entrenada, que lo ha visto a la distancia, este se abalanzo sobre él, eligiéndolo como al único que requería cierta habilidad para abatir.

Frente a frente, buscándose los ojos, Kiel reconoció a pesar del improvisado uniforme una figura familiar, no podía creer que luchaba contra su propio vecino Alón, amigo de torneos, venia hacia él con una orden superior en sus labios y en sus ojos, y él por su parte detenido en la arena, con el solo deseo de cumplir lo que llevaba en la sangre.

Lo que asomaba fácil, no lo fue, Alón, no portaba solo espada y escudo, y en su primer ataque le dice a media voz, mientras se frenaban cuerpo a cuerpo:

-¡abandonaste a tu madre, eres su único hijo¡-

Y Kiel lo empujo hacia la arena y se detuvo extrañado, así Alón saca de su costado estiletes y le lanza con increíble precisión, que Kiel evita con dificultad, y acomete Alón de nuevo enfurecido, Kiel retrocede y lo sostiene con su escudo mientras de nuevo lo empuja, mientras Alón le grita:

- abandonaste a tu dios, a tu gente, mereces morir¡¡¡.

Ya Kiel no sabia, que le dolía más, si el cansancio, o ver a sus compañeros morir a su lado, la mudez que lo rodeaba, o los cortes que le infería Alón, o sus palabras. En eso, no advirtió caer la red que lo embrollaa y lo hace caer al suelo, Alón ahora lo sostiene, y le señala:
- ¿no sabes que tu destino esta en Natalma?, eres un traidor, te falto corazón, y no tienes corazón por que no tienes Dios, esa es tu gran debilidad¡.

Kiel, mudo, atolondrado y asfixiado, recuerda de improviso a su padre, a su abuelo, abandonados por Natalma, y como si por la magia de milenios, su danza junto al fuego, o el hermoso movimiento de un animal que lucha por su vida, se restablece de un golpe, y hunde su espada fugazmente en el vientre de Alón, y lo ve caer, convencido que será su noche más triste.

Luego le fue cómodo, lucho contra quien se le vino encima, y gano, mientras sus compañeros caían sin pelear, derrumbándose en decenas, bajo las espadas de las huestes blancas, presenciaba la tala de un ejercito ya muerto desde adentro. Por el número que lo enfrentaba retrocedía paso a paso. Exhausto miro como en el campo, en el estrecho margen de las montañas y el mar, eran extintos sus compañeros que no se defendían, de rodillas y con sus manos vacías, sus miradas perdidas en el arena del mar.

Su instinto le dijo que era en vano luchar, y retrocedió a la espesura de unos matorrales, sin agacharse, sin esconderse, ya cubierto por la noche y sin hacer movimiento observaba la matanza, sin ser tomado en cuenta por los fantasmas blancos, retrocedió sin temor y dio la espalda, desde lo alto del risco, observo la imagen grotesca, sin hermanos vivos, giro y comenzó a caminar por instinto, por el camino que sus pies conocían. Deambulando por las comarcas, le tomo días volver a Natalma, una tarde se detuvo frente a la puerta destrozada de sus padres.

Su madre recibió a un fantasma, sabia que debía estar feliz por el regreso inesperado de su hijo, al cual lloraba desde que partió, pero él, en realidad no volvió, el que regreso no era él, si no su sombra, con los ojos negros, herido y rengueando, desaliñado, pero con la espalda recta. No, no era él, era su amado esposo; su abuelo, y otros fantasmas que ella había alimentado y dado abrigo, que habían vuelto así y un día no regresaron más.

Sabia que no podía abrazarlo, su silencio y su mirada huidiza no se lo permitía, ella sin sonreír, y en un rincón comenzó a prepararle, con las manos lánguidas, comida y el abrigo, para la que sabía sería su pronta partida.